El fin último de este movimiento es realizar una contribución al desarrollo integral de los jóvenes y a la sociedad, partiendo por su propia comunidad. Los scouts, por medio de sus actividades, pretenden fomentar un desarrollo completo e integral por medio de una educación complementaria a la formal y a la familia.
Dentro de sus principios básicos se encuentra el fomento de valores humanos, poniendo énfasis en el valor de las diferencias entre hombres y mujeres, y considerando a la persona humana como un ser de identidad singular y cultural, que no debe distinguirse por origen, ni raza, ni credo, o cualquiera sea su situación social. De este modo, el escultismo pretende inculcar en sus jóvenes miembros una jerarquía de valores que llena su vida de sentido y les otorga un argumento con el que deben actuar de forma coherente.
Para los scouts la familia es muy importante, se la considera el centro de todo, “la raíz integradora de la comunidad”, por lo tanto, a través de sus prácticas, el escultismo muestra a los jóvenes una educación basada en el amor, que permite formar familias en las que se formen personas de valores, creyentes en la justicia social, servidores de su comunidad y solidarios ante todo.
Como vemos, la educación complementaria de los scouts se realiza a través de trabajo activo en su comunidad, un trabajo que fomenta valores humanos cruciales para vivir en una mejor sociedad, así como también un fuerte amor por la naturaleza, la que se transforma en un verdadero modo de vida, todo lo anterior realizado bajo una fuerte conciencia social, sin dejar incluir las tendencias políticas.